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La depravación de los sometidos como base de la esclavitud moderna.

“Una civilización no puede ser duradera sin gran cantidad de vicios agradables.” (Aldous Huxley, Un mundo feliz, cap. XVII)
“El que se somete a los hombres se somete previamente a las cosas.” (Epicteto)
“Todo el mundo procura el modo de crear una nueva necesidad en los demás, a fin de someterlos a una nueva dependencia, a una nueva forma de placer… Con una multitud de mercancías crece el campo de las cosas ajenas que esclavizan al hombre.” (Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos)

Llevas mucho tiempo tratando de encontrar la solución al problema de la falta de libertad entre los seres humanos; le has dado cientos de vueltas y se la has atribuido a cientos de causas diferentes, sin encontrar nunca una respuesta que satisficiera plenamente tu búsqueda; hasta que finalmente has decido aceptar, con valentía, que sólo hay una cosa que pueda impedir que el género humano sea libre: su cobardía. A mí también me costó un gran esfuerzo darme cuenta de algo tan evidente - te lo dice un cobarde y, por lo tanto, un esclavo.

Así, la cuestión no sería tanto ¿cómo alcanzar la libertad?, sino, más bien, ¿cómo superar la cobardía? Para ello, lo primero es determinar la causa que originó dicha cobardía.

La cobardía surge cuando el ser humano es poseído por un anormal y desorbitado sentimiento de apego a la vida, por un antinatural y casi enfermizo instinto de supervivencia muy parecido al que impulsó a los faraones al loco deseo de conservar su cuerpo eternamente mediante la técnica de la momificación. Esta anomalía, a su vez, tiene su origen (y posteriormente se va nutriendo) en la satisfacción diaria, continuada y prolongada de los millones de estímulos que nos ofrece la sociedad contemporánea, y a los que tan fácil acceso tiene el hombre moderno (¿empiezas ahora a entender la razón de tantas tetas, culos y cuerpos musculosos en la televisión? ¿De por qué es gratuita la pornografía en internet? ¿De por qué te resulta tan fácil adquirir los más diversos cacharros electrónicos, ropas de moda y entretenimientos de todo tipo?).

La ecuación es muy sencilla. La cobardía surge del miedo a perder los mil y un placeres cotidianos (no naturales y no necesarios) que nos ofrece la sociedad contemporánea, y que tanto nos hacen disfrutar; un temor que nos incapacita para ser plenamente libres (y que en muchas ocasiones puede llegar a degenerar en un serio trastorno mental). Así, cuanto mayor sea el número de placeres a los que pueda tener acceso el ser humano, más apego, más cobardía por el miedo a perderlos y,en consecuencia, menos libertad.

Ésta, y no otra, es la auténtica razón de que hayan gastado tanto tiempo y tantas fuerzas en convertirnos en consumidores compulsivos, en eternos lactantes, en ególatras enajenados en su sí mismo, incapaces de abrirse al mundo, incapaces de crear. Necesitan debilitarnos, hacernos frágiles y dependientes, para lo cual no han encontrado mejor método que depravarnos hasta los extremos en los que ahora nos encontramos sumidos.

En cualquier caso, no está todo perdido, pues la solución está al alcance de cualquiera, aunque alcanzarla requiere, inevitablemente, el mismo tiempo (y por lo tanto, la misma paciencia) que requirió el depravarnos; con lo que, por lo general, salir de tal estado de postración nos llevará un largo tiempo, durante el cual, con toda probabilidad, recaeremos una y mil veces en todo aquello de lo que estamos tratando de huir; por eso, si tu deseo es superar la depravación y alcanzar la libertad, tómatelo con calma.

No se trata, pues, de una cuestión moral, sino puramente práctica. No se trata de evitar el infierno en el más allá, sino de salir de él en la vida presente; de escapar de la prisión de barrotes de oro en la que te metieron (y tú mismo te metiste) desde hace ya tanto tiempo.

"(Diógenes de Sinope) voceaba a menudo que los dioses habían concedido a los hombres una existencia fácil, pero que ellos mismos se la habían ensombrecido al requerir pasteles de miel, ungüentos perfumados y cosas por el estilo." (Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos más ilustres)

"...escupo sobre los placeres de la abundancia no por sí mismos, sino por las molestias que les acompañan." (Epicuro)

Por más pruebas, razones y argumentos que des sobre la necesidad de la Revolución, y por muy convincentes que éstos sean, todo será en vano, mientras la mayor parte de la población no decidamos salir de la depravación en la que actualmente estamos sumidos, y gracias a la cual nos dominan con tanta facilidad.

Sólo tenemos un camino para alcanzar la libertad que tanto deseamos (y de paso mejorar un poco nuestra maltrecha salud mental, tan castigada por el proceso civilizatorio o de domesticación) y ése no es otro que el que muchos, muy amable y desinteresadamente, desde hace ya mucho tiempo, nos han venido mostrado con su ejemplo y sus palabras: “Hacernos fuertes”; sólo así podremos liberarnos de las cadenas con las que nos esclavizan.

"«Oyéme, Eutidemo -díjole Socrates-: ¿consideras tú que sea una hermosa y magnífica posesión, así para un hombe como para un pueblo, la libertad?» «Como la que más de todas pueda serlo», respondió. «Aquel pues que se ve gobernado por los deleites corporales y que no puede por culpa de ellos hacer lo que mejor sea, ¿piensas tú de ése que sea libre?» «De ninguna manera», dijo Eutidemo." (Jenofonte, Recuerdos de Sócrates, Libro IV, cap. V:2,3)

¿Cómo empezar? (Algunas recomendaciones prácticas)

La actitud de entrega y de servicio a los demás es un método muy eficaz para escapar de las caprichosas demandas con las que tu egoismo exige ser constantemente alimentado. Sin duda alguna, éste es uno de los antídotos más útiles para evitar convertirnos en auténticos Mister Hyde (o dejar de serlo, si ya lo somos).

En cualquier caso, que este espíritu de servicio a los demás no te arrastre demasiado a su vida de rebaño, a su vida de masas, pues esto te acabará destruyendo (ama al prójimo, pero ámate a ti también, pues si no te amas a ti, no podrás hacer nada por el prójimo). Aléjate de la embrutecedora vida de rebaño, pues nada te hará tan difícil desarrollar tus cualidades humanas como este inhumano tipo de vida.

Aléjate todo lo que te permitan tus posibilidades de todo género de vida que te haga convertirte en rebaño, en masa informe (lo cual no tiene porque implicar alejarse totalmente de todos los seres humanos), de todo trabajo alienante, de todo entretenimiento zombificador, incluido, especialmente, éste en el que estás leyendo estas líneas: internet, el cual, debido a la sensación (totalmente antinatural y absolutamente innecesaria) de "omnipotencia" que te hace tener (consigue todo lo que quieras con sólo hacer un click) es un temible y adictivo "placer" que te debilitará, impidiéndote alcanzar tus objetivos (piensa que, más allá de internet, hay otros medios más reales, más humanos y, por lo tanto, más eficaces para extender tu mensaje).

"Perecemos por el ejemplo de los demás; nos salvaremos si nos separamos de la masa." (Séneca, Sobre la felicidad, cap. I)

Pase lo que pase, no te desesperes si te cuesta poner en práctica estos consejos, o si después de haberlos puesto en práctica vuelves a caer en aquello que estabas tratando de evitar (ver la tele, usar internet, entrar en sus discotecas o cabrearte con tus semejantes); ante todo no te sientas culpable; tú no tienes la culpa; no tuviste la oportunidad de elegir entre nacer y criarte en una sociedad depravada, o en otra que no lo fuese, por lo que es normal que te cueste tanto dejar de ser aquello en lo que tanto tiempo y esfuerzo han gastado, desde hace tantos años. Asi pues, no tengas prisa, relájate y sigue intentándolo.

17/12/2012 17:34. antimperialista #.

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