Facebook Twitter Google +1     Admin

La depravación de los sometidos como base de la esclavitud moderna.

“Una civilización no puede ser duradera sin gran cantidad de vicios agradables.” (Aldous Huxley, Un mundo feliz, cap. XVII)
“El que se somete a los hombres se somete previamente a las cosas.” (Epicteto)
“Todo el mundo procura el modo de crear una nueva necesidad en los demás, a fin de someterlos a una nueva dependencia, a una nueva forma de placer… Con una multitud de mercancías crece el campo de las cosas ajenas que esclavizan al hombre.” (Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos)

Llevas mucho tiempo tratando de encontrar la solución al problema de la falta de libertad entre los seres humanos; le has dado cientos de vueltas y se la has atribuido a cientos de causas diferentes, sin encontrar nunca una respuesta que satisficiera plenamente tu búsqueda; hasta que finalmente has decido aceptar, con valentía, que sólo hay una cosa que pueda impedir que el género humano sea libre: su cobardía. A mí también me costó un gran esfuerzo darme cuenta de algo tan evidente - te lo dice un cobarde y, por lo tanto, un esclavo.

Así, la cuestión no sería tanto ¿cómo alcanzar la libertad?, sino, más bien, ¿cómo superar la cobardía? Para ello, lo primero es determinar la causa que originó dicha cobardía.

La cobardía surge cuando el ser humano es poseído por un anormal y desorbitado sentimiento de apego a la vida, por un antinatural y casi enfermizo instinto de supervivencia, muy parecido al que impulsó a los faraones al loco deseo de conservar su cuerpo eternamente mediante la técnica de la momificación. Esta anomalía, a su vez, tiene su origen (y posteriormente se va nutriendo) en la satisfacción diaria, continuada y prolongada de los millones de estímulos que nos ofrece la sociedad contemporánea, y a los que tan fácil acceso tiene el hombre moderno (¿empiezas ahora a entender la razón de tantas tetas, culos y cuerpos musculosos en la televisión? ¿De por qué es gratuita la pornografía en internet? ¿De por qué te resulta tan fácil adquirir los más diversos cacharros electrónicos, ropas de moda y entretenimientos de todo tipo?).

La ecuación es muy sencilla. La cobardía surge del miedo a perder los mil y un placeres cotidianos (no naturales y no necesarios) que nos ofrece la sociedad contemporánea, y que tanto nos hacen disfrutar; un temor que nos incapacita para ser plenamente libres (y que en muchas ocasiones puede llegar a degenerar en un serio trastorno mental). Así, cuanto mayor sea el número de placeres a los que pueda tener acceso el ser humano, más apego, más cobardía por el miedo a perderlos y,en consecuencia, menos libertad.

Ésta, y no otra, es la auténtica razón de que hayan gastado tanto tiempo y tantas fuerzas en convertirnos en consumidores compulsivos, en eternos lactantes, en ególatras enajenados en su sí mismo, incapaces de abrirse al mundo, incapaces de crear. Necesitan debilitarnos, hacernos frágiles y dependientes, para lo cual no han encontrado mejor método que depravarnos hasta los extremos en los que ahora nos encontramos sumidos.

En cualquier caso, no está todo perdido, pues la solución está al alcance de cualquiera, aunque alcanzarla requiere, inevitablemente, el mismo tiempo (y por lo tanto, la misma paciencia) que requirió el depravarnos; con lo que, por lo general, salir de tal estado de postración nos llevará un largo tiempo, durante el cual, con toda probabilidad, recaeremos una y mil veces en todo aquello de lo que estamos tratando de huir; por eso, si tu deseo es superar la depravación y alcanzar la libertad, tómatelo con calma.

No se trata, pues, de una cuestión moral, sino puramente práctica. No se trata de evitar el infierno en el más allá, sino de salir de él en la vida presente; de escapar de la prisión de barrotes de oro en la que te metieron (y tú mismo te metiste) desde hace ya tanto tiempo.

"(Diógenes de Sinope) voceaba a menudo que los dioses habían concedido a los hombres una existencia fácil, pero que ellos mismos se la habían ensombrecido al requerir pasteles de miel, ungüentos perfumados y cosas por el estilo." (Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos más ilustres)

Por más pruebas que les des sobre la participación de los servicios secretos de los Estados Unidos en el 11S, por mucho que te esfuerces en demostrarles que el SIDA es un montaje de las multinacionales farmacéuticas para su propio beneficio, por muchos argumentos que ofrezcas sobre la necesidad de la Revolución, todo será en vano, mientras la mayor parte de la población no decidamos salir de la depravación en la que actualmente estamos sumidos, y gracias a la cual nos dominan con tanta facilidad.

Sólo tenemos un camino para alcanzar la libertad que tanto deseamos (y de paso mejorar un poco nuestra maltrecha salud mental, tan castigada por el proceso de domesticación) y ése no es otro que el que muchos, muy amable y desinteresadamente, desde hace ya mucho tiempo, nos han venido mostrado con su ejemplo y sus palabras: “Hacernos fuertes”; sólo así podremos liberarnos de las cadenas con las que nos esclavizan.

"«Oyéme, Eutidemo -díjole Socrates-: ¿consideras tú que sea una hermosa y magnífica posesión, así para un hombe como para un pueblo, la libertad?» «Como la que más de todas pueda serlo», respondió. «Aquel pues que se ve gobernado por los deleites corporales y que no puede por culpa de ellos hacer lo que mejor sea, ¿piensas tú de ése que sea libre?» «De ninguna manera», dijo Eutidemo." (Jenofonte, Recuerdos de Sócrates, Libro IV, cap. V:2,3)

Comentarios > Ir a formulario



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris