La política como opio (o el idealismo como gran embaucador).

Esperar el paraíso en la tierra, tal y como propone la política, constituye la misma narcótica estupidez que esperarlo en el cielo, como nos propone la religión. Pues la política, como la religión, contiene una serie de elementos opiáceos muy parecidos, y que, en última instancia, afectan de un modo similar al "pueblo".
La política, al igual que la religión, nos ofrece una interpretación de la vida, en general, y de la naturaleza humana, en particular, muy diferente a cómo en realidad es y de cómo verdaderamente funciona, gracias a su engañosa visión idealista. Un idealismo nada inocente ni cándido, sino, más bien, todo lo contrario (¡ya iba siendo hora de que alguien lo dijera!), pues sobre él se cimientan los muros de nuestra prisión interior.
Este embaucador idealismo es el principal responsable de nuestro progresivo distanciamiento con respecto a nosotros mismos y con respecto a la vida; pues como el opio, como la religión, la política y su idealista visión de la realidad hacen que seamos incapaces de vivir plena, auténtica e independientemente nuestras vidas, al hipotecar todo a un futuro que nunca llega, ni llegará, simplemente porque no existe y porque además es imposible.
Comprender esta verdad, y saber que todo lo que nos propone la política (igual que la religión, la economía…) no son más que puras quimeras, ilusiones irrealizables, falsas esperanzas, no nos debe llevar al abatimiento o a la desesperación, sino a plantearnos y a vivir nuestra vida de una forma muy diferente a cómo, hasta ahora, han querido que nos la planteáramos y la viviéramos, es decir, sin vivirla; pues mientras, seducidos por sus mentiras, esperábamos su ideal, su paraíso, renunciábamos a vivir nuestra vida, aceptando vivir para ellos.
Esa, y no otra, es la función de la política: anularnos, para que cuando estemos completamente anulados, seamos nosotros mismos quienes nos encarguemos de anular a otros. Por eso, si algún día decides renunciar a la política y a todas sus ficciones, para vivir realmente tu vida, no te extrañes cuando veas aparecer entorno a ti, por todos los lados, esa nueva especie de predicadores amenazándote con la "condenación eterna de tu alma" por renunciar a "luchar" para mejorar su sociedad de rebaño, por no sacrificar tu vida en pos de su opiáceo ideal, por no creer en sus paraísos terrenales; pues ten muy claro que no descansarán hasta conseguir sus objetivos: que sigas siendo rebaño, que no vivas, que no seas libre; en definitiva, que seas suyo; algo que, por otra parte, sólo pueden conseguir porque nosotros se lo consentimos.
Y sólo con nuestro consentimiento pueden lograrlo, porque quizás la verdadera causa de nuestra esclavitud esté en nuestro interior y no en el exterior; porque quizás nuestros deseos y "supersticiones" sean nuestros auténticos carceleros; porque quizás nosotros mismos seamos quienes, por aceptar como cierto ese falso y embaucador idealismo, nos hayamos puesto las cadenas que ahora arrastramos; por eso, y como ya dijeran otros antes, quizás sólo renunciando a ese futuro ficticio, a ese opiáceo paraíso, sólo así, sea posible vivir plenamente el presente, conseguir la armonía con la naturaleza (nuestro único y verdadero "sistema"), hacerse con el control definitivo de nuestra propia vida. Pero todo esto, te digan lo que te digan, es algo que sólo podrás descubrirlo tú.
No te engañaré: se trata de una tarea harto difícil, pues no consiste en romper con una forma de pensar que llegó hoy o ayer, sino con algo, con unas "ideas", que llevan siglos con nosotros.
¿Por qué te necesitan "indignado"?

Te necesitan indignado (incluso indignado contra los indignados) para que reacciones; para que actúes; para que te levantes del sillón y seas tú el que, como un héroe moderno, perfeccione el sistema; el que introduzca los cambios y ajustes necesarios. Todo con el objetivo de hacerte sentir parte y autor del mismo; con el objetivo de vincularte aún más a él, de engancharte a él, de impedir que te alejes de él.
Te necesitan indignado para que sigas jugando a su milenario juego; necesitan tu ira y tu deseo de venganza para que nunca te separes de ellos; para que seas tú mismo quien mantenga vivas todas sus estructuras y superestructuras; para que, después de que todo cambie, todo siga como está. Y cuanto mayor sea tu grado de indignación, cuanto peor concepto tengas de ellos, cuanto más les odies y más profunda sea tu rabia, mucho mejor para sus propósitos. Con tal fin, ellos mismos (por mucho que te engañes pensando que has sido tú quien lo hizo), ellos mismos, decía, son los que te han venido revelando lo "malos" que pueden llegar a ser, para que tu indignación jamás desfallezca.
Indignados, aceptadlo, vosotros sois los nuevos miserables que ellos necesitan para dejar atrás el Antiguo Orden y dar paso al Nuevo; sois el caos necesario (0) para devolver todo al orden (1) que ellos desean; la imprescindible ruptura del círculo que asegure la perpetuación de su sistema. Cuando todo termine, volveréis a estar donde siempre estuvisteis: en la base de su sistema social jerarquizado, llámese éste liberal o autoritario; progresista o conservador; democracia o ciberdemocracia. Seguiréis siendo los productores que los sabios necesitan para que su República funcione como lleva haciéndolo desde hace siglos. Habréis sido vosotros y vuestro miedo a la libertad; vuestra incapacidad para vivir fuera del rebaño y sin pastores, los artífices de este nuevo paso, de esta nueva revolucionarización de vuestra condición de siervos.
¡Enhorabuena, por fin lograréis que la cárcel acabe teniendo los barrotes de oro! Seguirán siendo barrotes, pero de oro al fin y al cabo. Quizás eso sea lo que realmente queríais; acaso ésta sea la razón por la que el color principal de las banderas que enarboláis sea el amarillo y no otro; quizás éste sea el verdadero motivo por el que queréis tomar las calles de su macrocárcel y no las riendas de vuestra vida; acaso por eso aspiráis a tener futuro, mientras despreciáis el presente.
Su objetivo (por encima de la victoria o de la derrota) es que nunca abandones su tablero de juego.

Dices que tus protestas están justificadas; dices que tus demandas son sobradamente razonables; dices que la revolución es necesaria, pero, una y otra vez, te empeñas en solucionar tus problemas sobre su tablero de juego. ¿No te das cuenta que es precisamente, jugando sobre ese tablero como surgieron tus problemas; que en él tuvieron su origen? ¿Y no crees que para solucionarlos sería mejor salirse del tablero de una vez?
Lo importante en su juego no es quien lo gane, sino que no deje de jugarse nunca, y que se haga siempre sobre su tablero y con sus reglas. Esa es la razón por la que, usando mil fórmulas diferentes, te han hecho concebir la falsa esperanza, la infantil ilusión, de que ganando el juego se acabarían tus problemas, todo para que no lo abandones; para que no dejes de jugarlo; para que continúes sobre el tablero; para que no busques otra salida.
Pero tras siglos de victorias y de derrotas sobre el mismo tablero ¿en que punto estamos? ¿No habrán tenido tales victorias y tales derrotas, exclusivamente, el objetivo de mantener vivo el juego? ¿No hay suficientes ejemplos en la historia que lo demuestren? ¿O es que prefieres seguir engañándote? ¿Quizás eso sea lo más cómodo para ti?
Pensar que jugando a su juego, encima de su tablero y con sus normas, podrás algún día solucionar tu situación, va mucho más allá de ser una utopía, es una absoluta ingenuidad. ¿No ves que, jugando en su terreno, ellos tienen siempre la iniciativa y tú siempre vas a remolque; por el camino que a ellos les interesa? Te pareces a aquel hombre iluso que se introdujo en medio del mar, con la intención de detener las olas, pero éstas, una y otra vez, le devolvían a la orilla, a pesar de lo cual el hombre volvía a intentarlo un día tras otro, pensando que finalmente acabaría consiguiéndolo.
¿No te das cuenta además que el juego fue creado con una sola finalidad? De tal forma que por mucho que te empeñes en darle la vuelta, siempre cumplirá la función para la que fue inventado: el pastoreo del rebaño humano.
Sin embargo, y a pesar de que apenas crees ya en él, te empeñas en continuar su juego, sobre su tablero. Tu obstinación es tal, que, por enésima vez, te vuelves a exponer a ser escupido por las olas. Te consideras capaz de superar a todos los “revolucionarios” que han existido hasta ahora, y de construir tú la “megarevolución”. De este modo, no sólo te engañas a ti mismo, sino que es muy probable que seduzcas a muchos otros para que no abandonen el juego, para que continúen sobre el tablero, cuando quizás ya estaban a punto de marcharse, o se encontraban preparando la huida.
Ganado al rey negro tan sólo habrás conseguido que gane el rey blanco, y ganando al blanco, que gane el negro, mientras tú continúas siendo un simple peón a su servicio; un miembro más del rebaño, pues en eso, y no en otra cosa, consiste el juego; con ese objetivo fue creado: el de mantener el rebaño, con independencia de quien sea el pastor. Todo lo demás son puras quimeras, que nada tienen que ver con la realidad.
No estaría mal que alguna vez reconociéramos que somos como niños asustados, que no queremos ver la realidad; incapaces de romper con el padre y de crear nuestro propio juego. Quizás nuestra valentía, a la hora de reconocer nuestra cobardía, le pueda ser de alguna utilidad algún día a alguien, tal vez, a nosotros mismos.
La adoración del poder como crimen.

(Dedicado a todos aquellos que aman a sus amos) La atribución por tu parte, de diferentes virtudes, como la bondad o la honestidad, a los hombres de poder, cuyo único objetivo es el sometimiento del mayor número de personas posible a sus caprichos o intereses (vístase esto con las mejores intenciones que se quiera), es sólo una forma, como otra cualquiera, de engañarte a ti mismo; de autoconvencerte de lo bien que hiciste en firmar con ellos un contrato que te permite malvivir en su sistema social jerarquizado, en el que tales hombres ocupan el escalón superior, y tú el inferior. Un contrato con el que decidiste entregarles tu libertad y toda aspiración emancipatoria.
La adoración que expresas por ellos es tan sólo un método muy sutil de ocultar tu incompetencia, tu cobardía, tu pereza… o, incluso, el miedo a perder todos esos vicios con los que, muy hábilmente, nos fueron corrompiendo (a mí como al que más).
Hablemos claro, el poder y los hombres que lo ejercen sólo tienen un objetivo: nuestro sometimiento, para lo cual, la bondad y la honestidad son características que no se pueden permitir, básicamente, porque ningún hombre bondadoso u honesto desearía tal objetivo, es decir, la supeditación del resto de los mortales a sus deseos. Por el contrario, sólo la perfidia y la mentira son útiles para la consecución de un fin así.
El ejercicio del poder y de la dominación es lo más pernicioso que puede existir para el pleno desarrollo de otras vidas. Obligar a un ser humano a someterse es como obligar a un árbol a truncar su crecimiento; como cortarle las alas a un pájaro.
Aceptar voluntariamente la lógica del poder (dominación-sometimiento), llegando incluso al esperpento de adorar a los hombres que lo ejercen (capaces de todo lo peor con tal de mantenerse en su privilegiada posición), es la manera más común de engañarse a uno mismo y a la propia conciencia, para justificar la aceptación de un perverso contrato, cuya única finalidad es la renuncia al objetivo principal de toda vida humana, es decir, la renuncia al desarrollo pleno y libre de nuestra existencia; es una manera de taparnos los ojos para aceptar más cómodamente la voluntaria decisión de morir en vida. Una decisión contra natura, que dice mucho de la condición de la especie humana.
El encumbramiento de los hombres de poder, y, con ello, la aceptación voluntaria del sometimiento, es lo más parecido que puede haber a un suicidio. Sin duda alguna, es algo que debería ser condenado como un crimen contra lo más profundo de nuestra esencia humana.
¿De qué os INDIGNÁIS si sois vosotros los que habéis decidido no ser libres?

¿Por qué gritáis así? ¿Por qué protestáis de esa forma? ¿De qué os INDIGNÁIS? Si vuestra decisión ha sido y sigue siendo la de aceptar ser esclavo de otro; siervo de otro, ateneos ahora a las consecuencias. Deberíais de saber, que lo que os está pasando no es más que la consecuencia de vuestra voluntaria decisión de renunciar a la libertad y optar por la servidumbre.
¿Qué es lo que queréis? ¿Seguir siendo esclavos, pero con los grilletes menos apretados? Reconoced, al menos, que no estáis dispuestos a renunciar a vuestras cadenas; que sólo las queréis hacer más llevaderas.
Esta actitud me resulta tan ridícula como la de ese grupo de bestias que protestaban porque, en lugar de llevarles al matadero por el camino que ellos querían, les llevaban por otro diferente.
Vosotros mismos estáis en algo que se parece mucho a un matadero, y da la impresión que, más importante que el hecho de que os vayan a cortar todas vuestras extremidades, os resulta el modo en que éstas han de ser cortadas. Parece que lo más importante para vosotros no es salir del matadero; escapar de él, sino la manera de estar más a gusto en su interior. Pero al matadero sólo se va por un motivo, así que, ¡dejad ya de engañaros!
Me recordáis también a esa familia de desagradecidos, a la que unos amigos invitaron a pasar las vacaciones en su casa de la montaña, y estuvieron todo el tiempo quejándose porque estaba muy lejos del mar. Si no te gusta la casa ¿por qué te empeñas en seguir en ella a toda costa? ¿No ves que la casa se hizo para servir las necesidades de sus dueños, no las tuyas? Por mucho que te empeñes en reformarla, la casa siempre cumplirá la misma función: mantenerte en la montaña, lejos del mar.
Deberíais saber ya que cuando aceptasteis voluntariamente renunciar a vuestra libertad, a cambio de la supuesta protección de las murallas del castillo, estabais aceptando también que sus dueños pudieran disponer de vuestra vida a su antojo. Recordad que, en el contrato que firmasteis, lo menos importante era vuestra individualidad. En él, renunciasteis a vosotros mismos. Ese es el verdadero y único objeto de lo que llamáis contrato social, por más colorido con el que tratéis de representárosle en vuestra mente, para ocultar la cruda realidad.
Ahora, no deberíais quejaros porque ellos ejerzan el derecho que vosotros les concedisteis, sino de haberles concedido vosotros ese derecho, y por no tener el suficiente valor o la imaginación necesaria para pensar otras formas de vida, lejos del castillo. Nuestra libertad no muere cuando alguien nos la pide, sino cuando nosotros decidimos entregarla.
Si no te gusta el camino que te conduce al matadero ¿por qué te empeñas en seguir recorriéndolo? Si tan poco te agrada la casa que otros construyeron ¿por qué no te marchas de ella de una vez? Si tan infeliz te hace el contrato ¿a qué esperas para romperlo?
En cualquier caso, aunque consiguieseis mejorar la decoración de las paredes de la cárcel en la que vivimos, o incluso aumentar la ración del rancho en la misma, esto sólo tendría como resultado una cosa: que nuestra condición de prisioneros se haría aún más inconsciente y, por lo tanto, más imperceptibles nuestras cadenas, todo lo cual sólo haría aumentar la dificultad de librarnos de ellas, algún día.
¿No es hora ya de dejar de pensar en cómo mejorar nuestra vida en la prisión y empezar a teorizar sobre la forma de salir de ella? A menos que creamos (o queramos creer) que el hábitat natural de los seres humanos es la prisión.
Lema del poder: “Os necesito indignados, de otra manera se acabaría mi juego. ¡Indignaos pues!”

Si el poder no hiciera lo posible por cabrearte, por indignarte, por enfadarte, tú no entrarías en su juego y se le acabaría el "negocio". Si el poder no idease y promocionase dramas que alimenten tu deseo de venganza (crisis, guerras, catástrofes), tú, sencillamente, te marcharías. Si el poder no nos hubiera hecho sentir como necesaria la superación de sí mismo, para alcanzar la “felicidad”, hace tiempo que ya no estaríamos aquí.
Pero el poder necesita tenerte cerca, pues de no tenerte cerca no podría continuar con su juego.
Y para tenerte cerca, el poder, primero de todo, necesita que le odies irracionalmente, para que te enfrentes a él; para que tengas como único fin superarle, de tal forma que nunca te separes de su lado; para que nunca pienses ni siquiera en alejarte de él. Para ello te pincha, te muerde, te araña, incluso él mismo te hace creer que puedes llegar a superarle, que puedes llegar a tomar tú el poder, y que con tal superación todo mejorará.
El poder nos hace creer que es un obstáculo para nuestras vidas; que se interpone en el desarrollo de ellas; que sólo enfrentándonos a él y superándole, conseguiremos nuestra plenitud vital. Pero con ello sólo conseguimos una cosa: retroalimentar el juego del poder.
Es como pretender acabar con el fútbol jugando al fútbol contra el mejor rival. Aunque le ganáramos sólo habríamos conseguido una cosa: perfeccionar el juego del fútbol, no acabar con él. Desde ese momento, nos tocaría a nosotros defender nuestro "reinado" frente a los demás, dando así continuidad al juego.
El poder sabe que, para sobrevivir, necesita que le odies; necesita de una oposición que le retroalimente, no sólo con la finalidad de servirle como excusa para ejercer su poder, sino para que, usándote como vehículo, pueda, con otro disfraz, asentarse de nuevo en el trono con aún más fuerza que antes, lo cual, a su vez, provocará el nacimiento de una nueva oposición, cuya finalidad será la de volver a dar cuerda al juego. Y así, una y otra vez, haciéndolo cada vez más "perfecto", como diría el viejo Herbert Spencer (1) (aunque, personalmente, pienso que el calificativo de "psicopático" es el más adecuado en este caso).
El objetivo esencial buscado en el juego del poder no es la victoria, sino tu eterna fidelidad al juego mismo; que no le abandones; que no busques otra salida, pues sin ti, su juego se acaba. Sin tu participación sería imposible dar continuidad a lo que no es otra cosa que un perverso círculo vicioso.
Por todo esto, tu indignación y tu lucha contra el poder es tan sólo una garantía de supervivencia para él, pues expresa tu voluntad de no plantearte una vida sin él; de no separarte jamás de él.
Para él, todo esto está muy claro, quizás algún día lo queramos tener claro nosotros.
Notas:
(1) Herbert Spencer fue el padre del darwinismo social, teoría pseudocientífica creada, exclusivamente, con la finalidad de justificar y enmascarar el carácter psicopático del juego del poder.
Sobre el poder y la obediencia (I).

Es cierto que es el poder el que da las órdenes, pero no es menos cierto que somos nosotros y sólo nosotros los que finalmente decidimos obedecer o no obedecer.
¡Hemos ideado mil y un métodos diferentes para hacer frente al poder, cuándo sólo bastaba con una simple decisión!
Seamos honestos ¿no será que tenemos miedo a perder algo más que la libertad? ¿Y no será ese miedo precisamente la base de nuestra esclavitud?
Quizás este miedo, alimentado también de mil y una formas diferentes por el poder, sea, a su vez, la base de nuestra continua insatisfacción.
¿Quizás se trate de dar preferencia a lo cualitativo sobre lo cuantitativo? ¿Quizás se trate, primero, de librarnos del miedo (de la superstición platónica) y situar, como fin último, la búsqueda de nuestra libertad (esencialmente como un estado mental) y la afirmación de nuestra vida, así como de todas sus potencialidades?
En cualquier caso, y pudiendo ser una propuesta colectiva, la solución sólo vendrá a través de una decisión individual: ¡QUIERO SER LIBRE! Por lo que no busquemos excusas, pues sólo de nosotros depende nuestra libertad y con ella nuestra capacidad para la afirmación de la vida. Tampoco espere (quien quiera emprenderlo), que será un proceso fácil, pues el camino está muy embarrado.
La siguiente cuestión sería: ¿tal libertad puede ser conseguida entrando en los juegos de poder o alejándome de ellos? Entrar en el juego del poder, con la excusa de alcanzar la libertad ¿serviría de algo o sólo retroalimentaría aún más todo este perverso juego? Si lo que busco es la libertad ¿se puede alcanzar ésta utilizando como herramienta lo que más se le opone: el poder (¿Podríamos encontrar el amor si sólo odiásemos?)?
El enfrentamiento entre opuestos cómo garantía de supervivencia del sistema patriarcal-autoritario.
Casi todos los partidos han comprendido que para seguir existiendo les interesa que el partido opuesto no pierda fuerza; lo mismo cabe decir de la gran política. Una creación nueva, en especial, como el nuevo Reich, precisa más de enemigos que de amigos: sólo se siente necesario y sólo llega a ser necesario, frente a su antítesis. Friedrich Nietzsche. (1)
La política es el arte de engañar a los hombres. d'Alembert.

(Una opinión de ANTIMPERIALISTA) Advertencia: La siguiente reflexión podría llegar a escandalizar a muchos lectores, lo cual, por otro lado, podría servir para hacerles comprender que quizás muchas de sus concepciones sobre la realidad social están basadas en dogmas e ideales y no en una observación racional o científica de dicha realidad. No es mi función ejercer de moralista, ideólogo o de consejero espiritual de nadie, sino analizar e interpretar los hechos sociales, según los conocimientos y datos de que dispongo actualmente, con la mayor sinceridad posible, por duro que esta interpretación pueda resultar, por lo que nadie espere encontrar en esta reflexión ningún tipo de propuesta vital o social, sino tan sólo una interpretación muy personal de la sociedad patriarcal y de sus mecanismos de autoprotección.
La única forma de conseguir mantener unas estructuras autoritarias de poder (económicas, jurídicas, militares, policiales, intelectuales…), en una sociedad dada, es gracias a un continuo y perpetuo enfrentamiento (o a la escenificación del mismo) entre dos opuestos, con independencia de quién ejerza el poder en cada momento y de su signo ideológico. Igualmente, la única manera de fortalecer tales estructuras es mediante el enconamiento de dicho enfrentamiento.
Esto es lógico, pues, mientras subsista el enfrentamiento, la existencia de relaciones de poder de dominación-sometimiento serán necesarias, y cuanto más dure o más intenso se haga, más se esforzará el dominador por someter al dominado y, con ello, más se perfeccionará el sistema.
Por esto, se podría decir que el verdadero poder (que dista mucho de ser el llamado poder político) no tiene ni más ni menos interés en que un partido u otro sea el que alcance el gobierno, sino en que el enfrentamiento subsista y, con ello, el modelo de sociedad de estructuras autoritarias que a él le interesa. Una sociedad a la que podríamos denominar patriarcal-autoritaria.
El interés en el mantenimiento y fortalecimiento de este tipo de sociedad de estructuras autoritarias (de dominación-sometimiento) se debe a la necesidad que tiene el poder de movilizar a amplias masas poblacionales en un mismo objetivo: la producción por encima del desarrollo personal de los individuos; conseguir que los seres humanos vivan para trabajar y no trabajen para vivir; en otras palabras, conseguir mantenerles en la esclavitud. Todo lo anterior sólo puede llevarse a cabo a través de un modelo de sociedad jerarquizada, con estructuras autoritarias de poder que propicien un “juego social” encaminado a la productividad, por encima del desarrollo personal de los individuos.
El objetivo de esta reflexión no es tanto analizar cómo estas estructuras de poder consiguen dirigir al hombre hacia el productivismo o esclavismo (2), sino demostrar cómo se fortalecen y se renuevan, a través del enfrentamiento entre opuestos, para lo cual veremos varios ejemplos.
Antes de la Revolución de Octubre de 1917, los zares, durante siglos, ejercieron el poder político en Rusia, perfeccionando una sociedad de estructuras autoritarias, gracias al continuo enfrentamiento que tuvieron que librar contra enemigos externos (otros países) e internos (clases ascendentes como la burguesía), un enfrentamiento que además sirvió para movilizar a amplias masas poblacionales en la defensa inconsciente de dicho modelo de sociedad. Con la llegada al poder de los bolcheviques y la necesidad de éstos de defender a la naciente Revolución, tanto de enemigos externos (países capitalistas y fascistas) como internos (fuerzas pro-zaristas financiadas por la antigua aristocracia y por varias potencias extranjeras), se dio una vuelta de tuerca más en el fortalecimiento de las estructuras autoritarias de poder (dominación-sometimiento). Primero La Guerra civil en Rusia, después la Segunda Guerra Mundial y, por último, el largo periodo que duró la Guerra Fría fueron los pasos seguidos para perfeccionar una sociedad de estructuras autoritarias, que hicieron que Rusia, en apenas 7 décadas, pasara de ser una sociedad casi medieval a una de las sociedades más industrializadas del mundo.
En general, todos los procesos revolucionarios idealistas han sido de gran utilidad para implicar a amplias masas poblacionales en la defensa de estructuras autoritarias de poder. Unas masas que, de otro modo (es decir, si no hubieran estado dominados por fuertes ideales), jamás hubieran pensado en implicarse, voluntariamente, en la defensa de estructuras de dominación, las cuales, como ya he señalado, provocan, por su propia naturaleza, un “juego social” que conduce, invariablemente, al productivismo.
Otros ejemplos son los casos de Palestina o el pueblo saharaui, históricamente pueblos nómadas y libres que, gracias a la táctica del enfrentamiento con un opuesto, han llegado a ser domesticados hasta tal punto, que se ha conseguido que la práctica totalidad de sus miembros llegue a reclamar como necesaria la creación de Estados similares a los de sus enemigos, es decir, Estados de estructuras autoritarias de poder. De este modo, independientemente del triunfo de Marruecos o del Frente Polisario; de Israel o de Palestina, el triunfo ha sido y será del modelo de sociedad patriarcal de estructuras autoritarias, al conseguir que sean los propios sometidos los que exijan sus cadenas; un modelo que pondrá en práctica el vencedor, con independencia de quién sea.
El actual conflicto que vive Libia podría encuadrarse en todo este juego de renovación y fortalecimiento de las estructuras patriarcales autoritarias, a través del enfrentamiento entre opuestos. En un primer momento, la llegada al poder de Gadafi supuso, como en la URSS, un paso revolucionario en el fortalecimiento de las anteriores estructuras de dominación-sometimiento, implicando a la gran mayoría de los habitantes libios, que hasta entonces practicaban un modo de vida nómada y tribal, en un mismo objetivo, la construcción de un Estado de estructuras autoritarias, con la excusa de defenderse frente a los enemigos externos e internos. Estas estructuras, junto a la excusa de la protección del nuevo régimen, hicieron que Libia diera un paso revolucionario para la transformación del país en una sociedad eminentemente productivista. El enfrentamiento armado que vive Libia en la actualidad (año 2011) entre el gobierno de Gadafi y opositores pro-occidentales, independientemente del resultado final, tiene un mismo objetivo: movilizar a amplias masas poblacionales en la defensa de un modelo de sociedad con estructuras autoritarias, pues en el caso de ganar el actual gobierno será necesario un fortalecimiento de las estructuras de dominación, con la excusa de contener al enemigo; y en el caso de ganar los opositores, éstos reforzarán todavía más tales estructuras, con la excusa de consolidar el nuevo régimen frente a los defensores del antiguo. Todo ello, como ya sucedió con la llegada de Gadafi al gobierno, repercutirá también directamente en un progresivo aumento del productivismo o esclavismo de los individuos.
En el caso de los estados capitalistas actuales sucede algo parecido. Al poder no le importa ser odiado, sino todo lo contrario, en cierta medida lo necesita, de tal forma que en muchas ocasiones, y utilizando sus propios medios de comunicación no es extraño que haga publicidad de sus propias maldades (brutalidad policial, corrupción política, voracidad de los mercados o incluso en algunas ocasiones ponga al descubierto, intencionadamente, la perversidad de sus dirigentes) (3), todo con el fin de provocar una reacción entre las masas, para que siempre exista uno o varios grupos sociales enfrentados a él y, gracias a los cuales, pueda justificar sus estructuras autoritarias de poder. En este sentido, los llamados grupos terroristas han sido el ejemplo más extremo de la gran ayuda que unos supuestos opositores han prestado a los estados capitalistas modernos, para la justificación de tales estructuras de poder.
Pero estas estructuras de poder, como ya he dicho, necesitan ser renovadas y fortalecidas periódicamente, en todos los estados, sin importar el signo ideológico del gobierno de turno, por eso no es extraño que se permita, en determinados momentos, la llegada al gobierno de un determinado país a la oposición más recalcitrante (o al menos a parte de sus reivindicaciones), de tal forma que las viejas estructuras autoritarias de poder (auténtico poder, muy por encima del político) se refuercen para proteger al nuevo gobernante. La ilusión del cambio serviría para implicar nuevamente a los sometidos en la defensa de estructuras de sometimiento.
En este sentido el 15-M o movimiento de los indignados, impulsado de forma descarada por personajes estrechamente vinculados con las actuales estructuras de poder (Stephane Hessel, Eduard Punset o Baltasar Garzón), tiene el objetivo de escenificar un enfrentamiento con el actual régimen (antiguo régimen), de tal forma que una vez alcanzados sus objetivos (nuevo régimen), las estructuras autoritarias de dominación-sometimiento sirvan para proteger lo nuevo frente a lo viejo. Es decir, el cambio supondría una renovación y un fortalecimiento de las estructuras de dominación de siempre, que, con la excusa de proteger lo nuevo frente a lo viejo, cobrarían nuevos bríos (4). La clásica estrategia gatopardista de cambiar algo para que todo siga igual alcanzaría aquí su máxima expresión.
En resumen, la sociedad patriarcal autoritaria y sus estructuras de poder (dominación-sometimiento) necesitan del continuo enfrentamiento entre opuestos (independientemente del resultado), para renovarse y fortalecerse, pues de extinguirse este enfrentamiento, dichas estructuras de poder (verdadero poder) no tendrían razón de ser, al no ser consideradas como necesarias entre los individuos. Unas estructuras de poder sin las cuales sería imposible asegurar el productivismo o esclavismo.
Algunos historiadores (5) utilizan la figura de Espartaco y de su lucha contra Roma, como un ejemplo para explicar el modo en que funciona la estrategia del enfrentamiento, como método para mantener vivas las estructuras de poder de dominación-sometimiento, propias del sistema patriarcal, independientemente de quién resulte el vencedor.
Según estos historiadores, la lucha mantenida por Espartaco y su ejército de esclavos contra la Roma imperial, sirvió a ésta para justificar sus estructuras autoritarias (donde el ejército era uno de los principales protagonistas) y movilizar a la población de Roma en defensa de las mismas. Cuando Espartaco se dio cuenta de esto y de que si incluso él llegara a vencer algún día, sería necesario el mantenimiento de tales estructuras y, por lo tanto, el mantenimiento de una sociedad autoritaria, no libre (que a su vez contribuiría al nacimiento de un nuevo opuesto), decidió huir de la lógica del enfrentamiento, lo cual provocó que llegara a su última batalla, en un estado de desmotivación total, que precipitaría su derrota y su muerte.
Entrar en el juego del enfrentamiento significa contribuir al fortalecimiento de estructuras autoritarias de poder (dominación-sometimiento) y, por lo tanto, asegurar la supervivencia del sistema patriarcal autoritario, independientemente de la excusa que se utilice para justificar dicho enfrentamiento y el posterior uso de tales estructuras de poder (que serán la génesis del furturo opositor y, por lo tanto, del futuro enfrentamiento), pues lo importante no es quién o porqué se ejerce el poder, lo importante es que las estructuras de poder sigan siendo las mismas y el sistema (patriarcal-autoritario) sobreviva. El juego del enfrentamiento es ideal para someter a los seres humanos al productivismo (esclavismo), al verse éstos obligados a renunciar a su desarrollo como individuos, debido a la necesidad de defender continuamente un sistema de estructuras autoritarias para protegerse de un enemigo externo o interno (real o imaginario).
Se podría concluir que el juego del enfrentamiento siempre tiene el mismo resultado: la victoria de la sociedad patriarcal autoritaria y la esclavización de la inmensa mayoría del género humano, que se ve arrastrado hacia el laverinto del poder por la irracionalidad que provoca el enfrentamiento.
¿Qué hacer entonces?
Como ya dije al principio, mi función no es la de ideólogo ni la de moralista, por lo que no considero mi deber (es más, me parecería un alarde de prepotencia) aconsejar a nadie lo qué debe o no debe hacer y sobre cómo o de qué manera debe vivir, tan sólo soy un interprete de la realidad, que, según los conocimientos y los datos de los que dispone actualmente, trata de hacer un análisis lo más sincero y honesto posible, y compartirlo con todos aquellos a los que les pueda proporcionar una cierta utilidad, pues considero que el conocimiento de la verdad (o al menos su búsqueda) es, sin duda alguna, una de las luchas que más sentido puede llegar a dar a la existencia de los seres humanos. En este sentido, me gustaría terminar con una frase de Voltaire, en la que reflexiona sobre la importancia que, según él, debemos dar a los políticos y a la política y sobre quiénes y qué es lo que realmente debemos valorar.
Los políticos y los conquistadores, que no han faltado en ninguna época, suelen ser ilustres malvados. El respeto se debe a los que dominan los espíritus por la fuerza de la verdad, no a los que los convierten en esclavos mediante la violencia; a los que comprenden el universo, no a los que lo desfiguran. Voltaire (6).
Notas
(1) F. Nietzsche, “El ocaso de los ídolos”, La moral como contranaturalaza, tesis 3.
(2) El “juego social” provocado por las estructuras autoritarias de poder (económicas, jurídicas, militares, policiales, intelectuales…), propias del sistema patriarcal, conducen indefectiblemente al productivismo, al colocar por encima del desarrollo personal de los individuos la supervivencia del sistema, frente a los peligros que supuestamente le amenazan y que nacen del continuo enfrentamiento entre opuestos. Es como si se nos dijera: “Sí, podríais trabajar lo justo para vivir, pero es necesario que trabajéis más, que produzcáis más, pues de lo contrario, otros países nos superarán y nos devorarán”. Esta es la principal excusa sobre la que se legitima todo el orden social productivista de las sociedades patriarcales. Es decir, el productivismo es una consecuencia directa de la defensa llevada a cabo por el propio sistema frente a la oposición que lo amenaza.
Esta relación entre defensa de las estructuras autoritarias de poder (o del sistema patriarcal) y el productivismo (esclavismo) se puede apreciar con total nitidez en los grandes conflictos bélicos, donde los individuos, al verse impelidos a defender el sistema, frente a un enemigo que le amenazan, llevan a cabo un aumento de su productividad. Esto es lo que se conoce como economía de guerra.
(3) En este sentido debemos interpretar las filtraciones que el propio poder ha permitido (e incluso en algunas ocasiones realizado el mismo) sobre la intervención de los servicios secretos occidentales en los atentados de bandera falsa, atribuidos habitualmente a al-Qaeda, y que se han venido utilizando para justificar las invasiones militares de diversos países árabes. Tales filtraciones, junto a otras muchas, sobre diferentes "perversidades" cometidas por los dirigentes occidentales (invención de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, para justificar la invasión de dicho país; brutalidad en las prisiones de Guantánamo o Abu Ghraib; fraude farmacéutico de la gripe A), han tenido el objetivo de incrementar el odio de un determinado grupo hacia tales dirigentes, así como su deseo de derrocarles, consolidando de esta forma una fuerte oposición con la que seguir justificando las estructuras autoritarias de poder.
La revelación (perfectamente dosificada y controlada) de las "perversidades" cometidas por los dirigentes occidentales, podría llegar a tener también la función de justificar, un futuro cambio de gobernantes, e incluso un cambio de sistema político o económico (escenarios sobre los que se desarrolla el verdadero sistema), que conduciría nuevamente, en el momento que se considere oportuno (en función de las necesidades del poder), a una renovación y a un fortalecimiento de las estructuras autoritarias de poder (sistema patriarcal), con la excusa de salvaguardar el nuevo orden frente al viejo y a todas sus “perversidades”.
(4) Se provoca de forma artificial la ley del eterno retorno en el orden social (orden-kaos-orden), con el fin de perpetuarlo.
(5) Barry Strauss en “La guerra de Espartaco”, reinterpreta el significado histórico de la conocida como la rebelión de los esclavos. Por otro lado, la interpretación que aquí se hace sobre la causa de la derrota de Espartaco corresponde al filósofo español Félix Rodrigo Mora.
(6) Voltaire, “Cartas filosóficas y otros escritos”, Duodécima carta, Sobre el canciller Bacon.
Las crisis y el uso del miedo como mecanismos de dominación.
Se me asusta, pero yo no tengo miedo (León Tolstói)

(Una opinión de ANTIMPERIALISTA) Había decidido hacer un pequeño paréntesis para coger un poco de aire y aclarar algunas cosas, esa es la razón por la que llevaba más de 10 días sin publicar nada en el blog. Pero ante las preguntas de algunos lectores, que me han llegado tanto al blog como al correo electrónico, sobre el sentido de los recientes disturbios en Inglaterra (en el que de nuevo los mass media han vuelto a jugar un papel fundamental amplificando la verdadera importancia de los mismos), retomo nuevamente el teclado para daros mi humilde opinión, por si os puede ser de alguna utilidad.
Los disturbios en Inglaterra, al igual que las recientes cargas policiales en España contra el movimiento de los indignados, todo ello adecuadamente publicitado por los medios de comunicación sistémicos, deben ser interpretados como elementos de un mismo conjunto, pues ambos hechos forman parte de la puesta en escena de un mismo drama. Este drama no es otro que la representación mediática y espectacular del colapso controlado del Antiguo Orden (Régimen); un drama en el que la crisis financiera internacional y sus consecuencias (entre ellas los artificiales disturbios ingleses) son dos de sus principales protagonistas.
Desde mi punto de vista, el sistema de dominación patriarcal (este es el verdadero nombre del sistema que nos ha tocado vivir) necesita renovarse, con el fin de hacer más efectivo su poder. Ello es debido a que las viejas estructuras económicas y políticas de dominación ya no le valen (probablemente debido al proceso de globalización que ha experimentado el poder en las últimas décadas) y necesita crear otras nuevas. Este es el motivo por lo que el propio sistema de dominación patriarcal ha comenzado una especie de proceso de autodestrucción de todo aquello que ya no le es útil. Para tal objetivo está empleando, como principal herramienta, una de las más sofisticadas de las que, actualmente, dispone: los medios de comunicación de masas.
A través de la representación de diferentes dramas de magnitud planetaria, adecuadamente difundidos y amplificados de forma masiva por los medios de comunicación de masas, y "patrocinados" por la práctica totalidad de los gobiernos del mundo, se está tratando de condicionar al mayor número de habitantes del planeta, para que acepten como natural y necesario, lo que podríamos llamar, un Cambio de Régimen.
La crisis económica (desempleo, pobreza), la crisis climática (cambio climático, desastres climáticos), la crisis intercivilizatoria (guerras, terrorismo), la crisis energética (petróleo, nucleares), la crisis social (delincuencia, disturbios), la crisis política (corrupción, incapacidad), están siendo adecuadamente manipuladas por los diferentes gobiernos, intelectuales y medios de comunicación (tampoco conviene olvidar el importante papel jugado por la falsa oposición, como el movimiento de los indignados, que ha contribuido a dar una mayor sensación de realismo al drama) con el fin de llevar a la humanidad a una situación límite, donde ésta (o al menos la inmensa mayoría, pues con eso les vale) esté dispuesta a aceptar lo que sea con tal de poner fin a la insoportable sensación de estrés y de tensión a la que se la viene sometiendo desde hace varios años. Ese “lo que sea” es muy probable que termine siendo la conocida como "Gobernanza Mundial" (pincha aquí para ver como los teóricos de la Gobernanza Mundial justifican a la misma, en base a las actuales crisis sistémicas).
Sea como fuere y por más lavados de imagen que se dé, el sistema seguirá siendo el mismo, es decir, el sistema patriarcal de dominación-sometimiento (la Revolución del sistema de la que hemos hablado en otras ocasiones, se quedará sólo en las formas), y, por lo tanto, nuestras posibilidades para alcanzar la libertad siguen siendo las mismas. En este sentido la libertad debe ser entendida como una decisión y no como un resultado, y sobre todo debe de estar alejada del perverso juego del poder, no sólo porque, como decía Nietzsche, “el poder idiotiza”, sino además porque la libertad es incompatible con el juego de la dominación sometimiento, implícito en el poder.
Por todo ello os animo a buscar la libertad, entendida como una propuesta colectiva, pero, ante todo, como una decisión individual.
Es muy posible que los poderosos y conquistadores no desaparezcan nunca, igual que sus sucios mecanismos de dominación (basados siempre en uso del miedo), pero eso no nos impide ser libres, pues la libertad es una decisión individual que tiene múltiples formas y que en última instancia depende sólo de uno mismo, no de nadie más. Como he dicho más arriba lo importante es la decisión, no el resultado, y querer ser libre es ya no querer seguir siendo un sometido.
Suerte en vuestra busqueda y hasta pronto.
La matanza de Noruega: un nuevo impulso al mito del choque de civilizaciones.
La guerra la hace el grupo dirigente contra sus propios sujetos y su objetivo no es la victoria, sino mantener la propia estructura social intacta. George Orwell

(Una opinión de ANTIMPERIALISTA) Recientemente, PoKaMa, administrador del blog La Poca Madre de los Poderosos, me puso sobre la pista de otro de los objetivos (quizás el principal) perseguido por los globalistas, con la matanza de Noruega.
En el anterior artículo analizaba la matanza de Noruega, como un método para presentar a los gobiernos occidentales como moderados, frente a islamistas, por un lado, y fundamentalistas occidentales, por otro. Pero por encima de este objetivo, así como del de servir de justificación para encubrir nuevos atentados de bandera falsa, que serán atribuidos a al-Qaeda, subyace otro aún más importante. Este objetivo no sería otro que el de dar un nuevo impulso al mito del choque de civilizaciones, teorizado, tras el final de la Guerra Fría, por el politólogo neoconservador y globalista Samuel P Huntington, en su libro “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”.
Según Huntington existe un choque de civilizaciones irreconciliable entre el mundo occidental y el mundo no occidental (fundamentalmente islámico) que sólo se superará con el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial que elimine tales diferencias.
En otras palabras, este choque de civilizaciones (guerras, actos terroristas, etc.) será utilizado como la excusa perfecta para homogeneizar a toda la población mundial en aras de unos intereses globales totalitarios.
El atentado de Noruega nos puede servir para darnos cuenta de que lo que a los globalistas les importa (pues es lo que realmente les beneficia) no es que los atentados terroristas sean atribuidos exclusivamente a los integristas islámicos o a los integristas occidentales, o incluso que no se llegue a saber que detrás de ambos están los servicios secretos occidentales (pues a veces ellos mismos han filtrado la información necesaria para que esto se llegue a saber); tampoco es para ellos esencial que la gente considere que las guerras de occidente contra el mundo árabe tengan el objetivo de saquear su petróleo o de combatir el terrorismo; lo importante (pues esto es lo que realmente les beneficia) es que se escenifique ante las masas un grave conflicto intercivilizatorio (independientemente de juicios morales sobre quién es el "bueno" y quién el "malo") que sólo pueda ser solucionado mediante soluciones drásticas. En este sentido, los opositores a la guerra también estarían realizando (a pesar de todas sus mejores intenciones) una función en la consolidación de los objetivos globalistas, al mantener viva la idea de dicho conflicto. Por ello, no es extraño que los mismos Think-tank que financiaron la campaña de Bush, financien a movimientos contra la guerra, como nos recuerda Bruno Cardeñosa, en su magnífico libro “El gobierno invisible: Think-tank. Los hilos que manejan el mundo”. Un ejemplo claro es el caso de Francis Fukuyama, quien lideró diferentes think-tanks, primero apoyando a Bush y su agenda belicista y, posteriormente, criticando con dureza la guerra de Irak (1).
La matanza de Noruega ha vuelto a hacer más presente que nunca (por paradójico que pueda parecer) los fantasmas del terrorismo islámico (2) y, especialmente, más creíble el mito del choque de civilizaciones, pues según ha sido presentada la (des)información de la tragedia de Noruega, por los grandes medios de comunicación de masas, los atentados perpetrados por Anders Behring Breivik serían una reacción fanática frente al terrorismo llamado islamista, un fanatismo que sienta sus bases en una ideología islamófoba, cada vez más amplia y creciente en todo el mundo occidental. Es decir, el atentado perpetrado por Breivik es el resultado de un supuesto odio cada vez mayor del mundo occidental hacia el mundo islámico y, por lo tanto, de un enconamiento del choque de civilizaciones.
Este macabro espectáculo tiene la finalidad de concienciar al espectador, desde otro ángulo, de la existencia de un odio o conflicto entre la civilización occidental y la árabe, independientemente (vuelvo a repetir) de juicios morales sobre quién es peor y quién mejor. Normalmente la perspectiva utilizada para convencer al espectador de este choque de civilizaciones era la de que el mundo árabe ataca a occidente, con atentados terroristas, como respuesta a las reiteradas agresiones militares de éste último. Ahora, se da una vuelta de tuerca más al asunto y se nos pretende hacer creer que occidente odia al mundo árabe como consecuencia de los atentados terroristas islamistas. Un nudo más en la maroma con la que se teje este engaño masivo.
El objetivo de avivar el mito del choque de civilizaciones (igual que en el caso de la crisis económica) es el de concienciar a la población mundial de que es necesaria una salida radical a un problema como éste, a pesar de que dicho problema resulte tan poco creible en lugares como la República Dominicana, en el medio del mar Caribe. La salida que proponen los teóricos de la globalización y del Nuevo Orden Mundial es la unificación (homogenización) de la humanidad entorno a una misma cultura y unos mismos valores, con el fin de ser aún más fácilmente manejable. Pero con independencia de que eso se consiga o no, lo importante, al igual que ocurrió durante la Guerra Fría es lo que le está ocurriendo en estos momentos al conjunto de la humanidad.
Como en la Guerra Fría, el enfrentamiento real, y en muchas ocasiones imaginario, entre dos grandes rivales (entonces políticos-económicos, y en este caso religiosos-culturales) tiene la finalidad de movilizar a amplias masas poblacionales con un objetivo bien definido: el mantenimiento de nuestra condición de esclavos. Mientras se escenifica una situación de conflicto mundial económico y bélico, la humanidad deja de ser consciente de sus cadenas, para pasar a preocuparse de otros asuntos de segundo orden.
Se podría concluir que, al igual que la Guerra Fría, el actual choque de civilizaciones es una maniobra distractora, destinada a mantener a la humanidad en la esclavitud y en impedir que haga consciente su condición de esclavo.
Cuando los objetivos buscados con la Guerra Fría fueron conseguidos, ésta se dio por finalizada. En cuanto los objetivos buscados con el choque de civilizaciones se hayan conseguido, probablemente, esto dará paso a un nuevo episodio de la "lógica" del enfrentamiento. Cada uno de estos episodios constituye y ha constituido pasos graduales en nuestro proceso de esclavización.
El principio organizador de cualquier sociedad, señor Garrison, se basa en la guerra. La autoridad del Estado por encima del pueblo se apoya en los poderes bélicos. “JFK. Caso abierto” Oliver Stone.
Notas:
(1) “El gobierno invisible: Think-tank. Los hilos que manejan el mundo”, notas al pie de las páginas 43-44, Bruno Cardeñosa, Ed. Espejo de tinta, Madrid 2007.
(2) No fue ningún error el que los mass media atribuyeran los atentados, en un primer momento, a al-Qaeda, sino algo perfectamente premeditado. Con ello se pretendía influir al gran público (más familiarizado con el terrorismo islamista) para que relacionara los atentados con "el choque de civilizaciones", con el fin de hacer más creible la posterior noticia.
Post scriptum:
El análisis realizado por algunos analistas políticos, en el que se identifica correctamente al autor de los atentados de Noruega (redes stay-behind de la OTAN), pero se interpreta su propósito como una advertencia a Noruega y a otros países por criticar al Estado de Israel y apoyar la creación de un Estado palestino (algo que no pasa de ser más que una pose de cara a la galería de la socialdemocracia noruega), supone atribuir al Estado noruego una independencia política, una solidaridad internacionalista, un heroísmo y un espíritu filantrópico que dudo mucho que posea, así como desconocer (intencionada o desintencionadamente) que existen mecanismos mucho más efectivos para llevar a cabo tales propósitos que un atentado de falsa bandera, que en nada ha perjudicado al Estado noruego, sino más bien todo lo contrario.
Esta interpretación además de ser bastante ingenua, contribuye no sólo a ocultar los verdaderos propósitos de este atentado, sino a reafirmarlos, al poner de nuevo sobre la mesa (en este caso, sobre la mesa de las mentes más escépticas) el mito del choque de civilizaciones, pues lo reafirma al presentarnos un mundo enfrentado entre pro occidentales y árabes, a los que habría que sumar aquéllos que les apoyan (Estados, intelectuales, organizaciones, etc.), de tal forma que con esta interpretación supuestamente disidente se consigue, más o menos lo mismo que con la versión oficial, pero en esta ocasión con los más escépticos, es decir, movilizarles y reconducirles hacia la lógica del enfrentamiento, necesaria a los amos del mundo para seguir ocultando su criminal dominación esclavista de la humanidad.
De cómo el sistema utiliza a la supuesta oposición antisistema para ocultar a los verdaderos autores de la matanza de Noruega (y sus propósitos) y para legitimar su versión oficial.

(Una opinión de ANTIMPERIALISTA) Son muchos los indicios que apuntan a la OTAN y a las redes Stay-Behind o ejércitos secretos de la OTAN (responsables de múltiples atentados, desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años 90) en la matanza del pasado 22 de julio, en Noruega: uso de explosivos similares a los utilizados en anteriores atentados de bandera falsa (Oklahoma City); la vinculación del supuesto autor con el ejército y con la política al más alto nivel (la madre estaba casada en segundas nupcias con un militar de alta graduación y su padre fue diplomático en las embajadas de Noruega en París y Londres); sospechosa tardanza en la intervención de la policía noruega (más de una hora y media, desde el comienzo del tiroteo); la realización de ejercicios policiales antiterroristas, los días previos a los atentados, sobre supuestos similares a los que ocurrirían posteriormente; testimonios de supervivientes de la matanza sobre la presencia de varios francotiradores, etc.
A pesar de todo lo anterior, la inmensa mayoría de la opinión pública prefiere seguir creyendo en la fantástica historia, difundida por la policía y los medios de comunicación de masas capitalistas, de que una sola persona, sin experiencia previa en acciones terroristas, fue capaz de dejar aparcado un camión, con más de 6 toneladas de explosivos, en el centro de Oslo, junto a un edificio gubernamental; hacerlo detonar y posteriormente, sin despertar ningún tipo de sospechas, desplazarse a una isla situada a más de 30 kms de distancia; vestirse con un uniforme de la policía noruega (¡cómo pudo conseguir este uniforme!); introducirse sin complicaciones en el campamento de la juventud social-demócrata y empezar una auténtica cacería humana, que duró más de una hora y media, sin pestañear lo más mínimo, a pesar de que en su vida hubiera hecho nada ni remotamente similar.
La credibilidad del gran público hacia este tipo de historias, más mitológicas que reales, tiene su explicación en el acondicionamiento llevado a cabo durante décadas, con historias similares: los asesinatos de los hermanos Kennedy, el asesinato de Martin Luther King, el asesinato de John Lennon, la matanza de Waco, el atentado de Oklahoma City, etc. Todos ellos atribuidos a locos solitarios, sin experiencia previa en acciones similares, a pesar de la gran cantidad de pruebas que demuestran la puesta en práctica de operativos militares y policiales altamente sofisticados, en el desarrollo de los hechos. Además de esto, el cine de Hollywood (especialmente las conocidas como películas de acción) ha tenido una influencia decisiva, como método de infantilización mental, para impedir un ánalisis lógico y maduro de este tipo de acontecimientos, por parte de la mayoría del gran público.
Es comprensible que la inmensa mayoría de los seres humanos, altamente condicionados por la poderosa maquinaria mediática (como he señalado anteriormente) y que bastante tienen con preocuparse de sus problemas personales (laborales, sociales o familiares), asuman de forma acrítica la fantástica versión oficial de lo sucedido en Noruega, propia de un guión de la saga de “Rambo”; lo que ya deja de ser entendible y empieza a ser un poco sospechoso es que la supuesta oposición al sistema, representada principalmente por la llamada izquierda anticapitalista, se trague, una y otra vez, las mentiras oficiales, como en el caso que aquí nos ocupa, más teniendo en cuenta su experiencia frente a engaños y manipulacines sistémicas.
La interpretación de los hechos de Noruega, según la izquierda anticapitalista, es más o menos, la siguiente: el supuesto asesino, Anders Behring Breivik, no es más que un producto de la mentalidad fascista latente en las sociedades imperial-capitalistas, y que por lo tanto el responsable último de lo sucedido en Noruega es el modo de vida social y económico al que nos vemos sometidos en este tipo de sociedades. Esta interpretación, además de ser muy ingenua y una pizca idealista es totalmente inofensiva para el sistema, pues esto no hará que las amplias masas (fuertemente alienadas y muy cómodas en su actual situación) se vuelvan contra el modelo social establecido, sino, todo lo contrario, es decir, que pidan mayor seguridad (control social) frente a locos como éste, "pues hasta la propia oposición al sistema reconoce que fue obra de un loco solitario".
Con lo cual, la supuesta interpretación contestataria que hace la izquierda antisistema, termina siendo de una gran rentabilidad para el propio sistema, pues, desde la supuesta oposición, se viene a legitimar, palmo por palmo, la absurda versión oficial del “loco solitario”, ocultando con ello a los verdaderos autores de la masacre y los propósitos reales de la misma.
Desgraciadamente, la interpretación realizada por la izquierda anticapitalista, en este caso, no es la única vez que legitima y avala, desde la oposición, una versión oficial de los hechos, con la que se encubre a los verdaderos autores y sus auténticos propósitos. En el caso del llamado terrorismo islámico y en el del terrorismo de ETA, históricamente, ha sucedido un tanto de lo mismo, pues, en lugar de denunciarlo como lo que realmente es (terrorismo de falsa bandera, perpetrado por los estados imperial-capitalistas, para justificar políticas injerencistas contra los pueblos árabes y vasco respectivamente), lo que ha venido haciendo ha sido reproducir la versión oficial de los hechos, enmascarándola con la idealista e inofensiva denuncia para el sistema, de que este terrorismo es una reacción producida como consecuencia de las bárbaras políticas imperial-capitalistas. Es decir, desde la oposición se confirma la autoría que al sistema le interesa que sea confirmada, para posteriormente justificar sus salvajes políticas (es como si desde la oposición se legitimaran los argumentos esgrimidos por el poder), pues por mucho que la oposición diga que el problema es el sistema, esta denuncia es inofensiva, pues el sistema sabe de sobre que este argumento no tiene la suficiente fuerza como para mover a nadie a cambiar nada. Pensar que un argumento así pudiera inducir a un colectivo humano a la transformación de un sistema social es como pensar que un grupo de hambrientos fuera capaz de tirar toda una fuente de cocido a la basura, sólo porque en ella hubieran visto un garbanzo negro.
Es innegable que todo sistema social que conlleve la represión de nuestros impulsos vitales conduce a los individuos hacia el desarrollo de conductas neuróticas e incluso psicopáticas, pero pensar que esto pueda llevar a un sólo individuo a hacer lo que supuestamente hizo solo Anders Behring Breivik, con absoluta frialdad y precisión, sin la cooperación de (al menos) un sofisticado operativo, y sin haber dejado "rastros" sospechosos en sus preparativos (que duraron varios años), es como sentenciar a muerte al más elemental sentido común, más teniendo en cuenta los medios tecnológicos y humanos con los que hoy cuentan los servicios secretos para controlar a individuos y colectivos que planean acciones de este tipo.
Desde un punto de vista de psicología de masas, la función que viene a realizar una interpretación así, por parte de la supuesta oposición al sistema, es la de la confirmación no gubernamental de la versión oficial de la autoría de los hechos.
El intelectual sistémico Noam Chomsky fue uno de los primeros en introducir y difundir, entre los círculos políticos opositores, este tipo de interpretaciones maniqueas sobre el fenómeno del terrorismo-espectáculo, favorables a los intereses del sistema imperial-capitalista.
Otras formas de ocultar, desde la "oposición", los verdaderos propósitos de la matanza de Noruega.
Según el prestigioso historiador norteamericano Webster Tarpley, la matanza de Noruega sería una clara operación llevada a cabo por las redes Stay-Behind de la OTAN, y su objetivo sería el de un ajuste de cuentas al gobierno social-demócrata noruego por su intención de abandonar la cruzada que actualmente bombardea Libia y por sus reiteradas llamadas al boicot contra Israel (interpretación defendida también por el analista argentino Adrian Salbuchi).
Esta interpretación me parece (cuanto menos) un tanto ingenua, pues supone atribuir al Estado de Noruega (uno de los fundadores de la OTAN en 1949), una bondad y un espíritu filantrópico de los que, con toda seguridad, carece. Las llamadas al boicot por parte del Partido Laborista noruego (en el poder), contra Israel y su decisión de abandonar la intervención armada contra Libia (si eran tan pacifistas ¿por qué no decidieron, desde un primer momento no intervenir en Libia?), no son más que poses de cara a la galería, para quedar bien ante su electorado, que en nada perjudican al sistema imperial-capitalista del cual forma parte activa; unas poses que no tendrán resultados reales, y que sólo son eso: poses, como la que en su día tuvo el PSOE con la retirada de tropas de Irak (el PSOE, tras ganar las elecciones en marzo de 2004, retiró los mil efectivos que el anterior gobierno tenía desplegados en Irak, pero los redobló en Afganistán, colaboró en la intervención armada contra el Líbano, así como en la actual contra Libia). Además, si lo que realmente quería la OTAN era perjudicar al actual gobierno no podía haber hecho nada peor, pues gracias al atentado, el gubernamental Partido Laborista ha salido muy fortalecido. Si en realidad el objetivo era hacer daño al gobierno noruego, hoy en día, existen medios mucho más efectivos y silenciosos que éste (por ejemplo medidas económicas contrarias a los intereses noruegos). ¡No nos engañemos!, el gobierno noruego y la clase dirigente noruega, no son precisamente lo que se puede entender como humanistas o filántropos, y este tipo de acciones (matanza de civiles inocentes) en nada perjudican sus proyectos esclavistas (economicistas-industrialistas). Por ello, estas interpretaciones (bien o mal intencionadas), a pesar de identificar correctamente a los verdaderos autores (redes Stay-behind) sólo sirven para alejarnos de la auténtica verdad.
Desde mi humilde punto de vista, pienso que con el atentado de Noruega se ha pretendido (entre otras cosas muy díficiles de llegar a saber) aumentar el caos y la sensación de inseguridad entre los ciudadanos occidentales, con el fin de reforzar y consolidar la función protectora (represiva) de los Estados imperial-capitalistas, pues a ojos de aquéllos (que es como debemos analizar las cosas, alejándonos de visiones ideologizadas y sectarias, si queremos entender por qué la élite lleva a cabo proyectos macabros como éste) ahora ya no tenemos sólo la amenaza terrorista islamista (exterior), sino también una amenaza terrorista neofascista (interior). Además, con la irrupción en escena de este nuevo fenómeno de terrorismo islamófobo, se consigue justificar y, sobre todo, ocultar, tras una perfecta cortina de humo, la barbarie de las sociedades imperial-capitalistas contra el mundo árabe: “¿No lo veis? Vuestro gobierno no es islamófobo ni cruel, hay gente mucho peor, más extremista y peligrosa que odia al Islam más que nosotros; vuestro gobierno es tolerante y moderado, y os protegerá, no sólo del fanatismo islamista, sino también del fanatismo neofascista (e incluso sionista), por eso haréis bien si depositáis en nosotros toda vuestra confianza, porque nosotros somos buenos para los occidentales y para los árabes”. Es decir, con todo esto se ha pretendido escenificar la siguiente falsa situación: a un lado el extremismo islamista, al otro el extremismo neofascista y en el medio el Estado protector, que ahora tiene que hacer frente, no sólo a un enemigo exterior, sino también a otro interior (el propio Anders Behring Breivik hablaba de la existencia de dos células más en Europa) de ideología neofascista e islamófoba, que tiene la utilidad, a su vez, de limpiar y ocultar, la barbarie imperialista contra los pueblos árabes, al hacer pasar por moderados a los gobiernos imperial-capitalistas, que ahora ya no nos defienden sólo de la barbarie islamista contra el mundo occidental, sino también de la barbarie occidental contra el mundo árabe, ¡puro cinismo!
De nuevo, la estrategia de la tensión como método de pastoreo humano.
¿Cuál ha sido el verdadero objetivo de los atentados de Noruega?
Los príncipes sólo han vuelto a estar bien asentados en sus tronos, cuando se ha empezado a disparar contra ellos. "El ocaso de los ídolos" F. Nietzche

(Una opinión de ANTIMPERIALISTA) Lo primero que hay que tener en cuenta, al analizar sucesos espectaculares como el atentado del pasado 22 de julio, en Noruega, donde perecieron más de 70 personas, en un campamento de las juventudes laboristas, es que debido a que vivimos en un mundo donde la (des)información está globalizada (gracias a los grandes medios de comunicación de masas capitalistas), este tipo de hechos no tiene sólo una trascendencia local, sino sobre todo planetaria, llegando, en muchos casos, a producirse la paradoja de que éstos pudieran tener más repercusión social fuera, que dentro del propio país en el que se producen los hechos.
En segundo lugar, es importante señalar que debido a la pertenencia de Noruega a instituciones internacionales, como la OTAN, las disposiciones legales que se adopten, como consecuencia de este atentado, no sólo afectarán al país escandinavo, sino también a un buen número de países (entre ellos España).
A pesar de que durante las primeras horas, tras los atentados, la maquinaria de desinformación se empeñó en relacionar la masacre con el “integrismo islámico”, finalmente la oficialidad optó por la versión del loco solitario, de ideología neofascista.
Esta versión se parece mucho a la que los medios de comunicación sistémicos nos presentaron tras el tiroteo de Arizona, en enero de 2011, en el que fallecieron 6 personas y la senadora demócrata Gabrielle Giffords resultó herida de gravedad, por culpa de los disparos efectuados por un “loco solitario” de ideología neofascista y opuesto a las propuestas migratorias sugeridas por el Partido Demócrata. Todo ello, cuando el debate sobre la reforma migratoria se hallaba en el centro del debate de la opinión pública.
El atentado de Arizona sirvió para apuntalar las propuestas del Partido Demócrata, frente a las del Partido Republicano, al presentarles como mártires políticos; unas propuestas que no por ser más moderadas que las de los segundos dejaban de ser menos esclavistas para los inmigrantes. Como expliqué en el artículo “Tiroteo en Arizona: otra estrategia para apuntalar las políticas migratorias esclavistas en Estados Unidos.” , se trata del típico juego de los falsos opuestos, en el que se presenta al público dos únicas opciones: una mala y otra menos mala, de tal forma que al optar por la menos mala, se tenga la impresión de que se ha podido elegir libremente.
En el caso de Noruega, el atentado reúne todas las características del clásico atentado de bandera falsa de las redes Stay-behind de la OTAN. Entre tales características destacan: el uso de explosivos similares a los utilizados en anteriores atentados de bandera falsa (Oklahoma City); la vinculación del supuesto autor con el ejército y con la política al más alto nivel (la madre estaba casada en segundas nupcias con un militar de alta graduación y su padre fue diplomático en las embajadas de Noruega en París y Londres); sospechosa tardanza en la intervención de la policía (más de una hora y media, desde el comienzo del tiroteo); la realización de ejercicios policiales antiterroristas, los días previos a los atentados, sobre supuestos similares a los que ocurrirían posteriormente. Tal y como sucedió el 11-M, en Madrid, y el 7-J, en Londres, en Noruega, la policía también estuvo realizando estos ejercicios, días antes de la masacre, este tipo de ejercicios sirve para facilitar las acciones terroristas posteriores (colocación de armamento en lugares claves). Pincha aquí para ver un vídeo de los ejercicios antiterroristas de Noruega.
El objetivo sería presentar al Partido Laborista noruego, como el adalid de la democracia, a pesar de su clara ideología neoliberal al servicio de las grandes élites financieras (similar a como actúa el PSOE en España), así como escenificar nuevamente, del modo más dramático posible, el mito de la amenaza terrorista, con el fin de fortalecer aún más el aparato represivo estatal (policía, ejército, medidas de control social...).
De este modo, el terrorismo (convertido en un fenómeno de masas gracias a la intervención de los medios de comunicación capitalistas) se vuelve a revelar como un eficaz método de "poder pastoral", pues gracias a él se consigue que la inmensa mayoría del rebaño se someta sin problemas a las ordenes del gran pastor: el Estado, en aras de una supuesta mayor seguridad personal. Además, mediante el juego de los falsos opuestos: "extremista radical ataca a progresistas moderados", se consigue, mediante el juego de la victimización, que la gente se vincule de forma irreflexiva a propuestas puramente estatalistas y esclavistas como las de la socialdemocracia (en este caso), cerrando con ello la posibilidad de imaginar formas de vida más libres y humanas.
¿Podríamos estar asistiendo a un renacimiento de la actividad de las redes Stay-behind de la OTAN, en Europa?
En el siguiente documental del canal Historia, queda perfectamente explicado el funcionamiento y los objetivos de dichas redes.
El sistema agrava su propia "crisis" para acelerar y justificar sus planes revolucionarios.

(Una opinión de ANTIMPERIALISTA) Desde hace varias décadas, diferentes ideólogos neoliberales han teorizado abiertamente sobre la gran utilidad que supone dramatizar crisis económicas, militares o sanitarias y difundirlas masivamente, a través de los grandes medios de comunicación de masas, para conseguir cambios sociales favorables a sus intereses, básicamente destinados a aumentar el grado de esclavitud de la especie humana.
“Sólo una crisis, real o percibida como real, permite un auténtico cambio.” (Milton Friedman)
“Si ya es difícil que un colectivo en dificultad cambie, es prácticamente imposible que lo haga cuando exhibe todos los signos externos del éxito; sin el acicate de una crisis o un periodo de gran tensión, la mayor parte de los colectivos – al igual que la mayor parte de las personas – es incapaz de cambiar los hábitos y actitudes de toda una vida.” (John F. McDonnell)
“En un momento muy conflictivo es más fácil articular una fórmula lúcida. Desde este punto de vista, las condiciones de guerra, crisis y tensión son particularmente fecundas… (Para alcanzar un) proceso político global emergente que diluye cada vez más los límites tradicionales entre la política interna y la internacional.” (Zbigniew Brzenzinski)
La actual crisis económica del sistema y, junto a ella, la difusión masiva de pánico y alarmismo, realizada por los grandes medios de comunicación de masas del propio sistema (y por otros medios aparentemente opuestos a él), tendrían el objetivo de direccionar a las grandes masas poblacionales hacia cambios sistémicos que permitieran un mayor grado de esclavitud y sumisión de la especie humana.
Con esta crisis se pretende (al igual que se pretendió con otras) acondicionar a los seres humanos, para que acepten los nuevos cambios como necesarios e irremediables.
Desde mi punto de vista, es erróneo interpretar esta crisis como una crisis estructural del sistema (tal y como lo interpretan diferentes corrientes ideológicas), provocada por la naturaleza contradictoria del mismo, en otras palabras (y según tales corrientes), la actual crisis no sería más que un fallo intrínseco del propio sistema capitalista. Esto además de ser bastante ingenuo, es además ilógico, pues pensar que alguien haya construido un sistema que, tarde o temprano, acabaría fallando y, más aún, que no haya sido perfeccionado para que no vuelva a fallar, después de tantos años, es tener una concepción bastante inocente y poco real de un enemigo tan poderoso como al que nos enfrentamos. Como bien dijo Aldous Huxley: “Los grandes banqueros, al mover algunas simples palancas que controlan el flujo de dinero, pueden determinar el éxito o el fracaso de la economía de un país. Al controlar los comunicados de prensa sobre las estrategias económicas que delinean tendencias nacionales, la élite es capaz no sólo de tomar las riendas de poder de la estructura económica de esta nación sino también de extender el control a todo el mundo.”
Por otra parte, pensar que la actual crisis financiera se debe a un enfrentamiento soterrado entre occidente y las potencias emergentes (China, Rusia, Brasil e India) es tener una concepción muy idealista de la política, pues ello supone pensar que los diferentes dirigentes mundiales (no necesariamente políticos) estarían dispuestos a enfrentarse a unos rivales de una envergadura similar, con todo lo que ello podría suponer para sus intereses (pérdida de su posición dominante), antes de pactar o de llegar a acuerdos entre ellos. Es muy probable que las clases dirigentes mundiales sean psicópatas, pero ello no implica que carezcan de pensamiento estratégico. Esto tampoco implica que no pueda llegar a producirse una nueva confrontación mundial, pero, como en las anteriores ocasiones (especialmente, desde finales del siglo XVIII), el objetivo buscado no sería la dominación de la clase dirigente de un país sobre la de otro, sino la supeditación de las grandes masas poblacionales de los diferentes países a un mismo fin: la hiper-esclavista, super-productora y aceleradora de cambios, economía de guerra.
El objetivo buscado con la actual crisis económica (al igual que el buscado con otras crisis de tipo militar, ecológico o sanitario) es el de siempre: supeditar a los intereses de las minoritarias clases dominantes, la vida de la inmensa mayoría de los seres humanos; y el método utilizado nuevamente es el de la “doctrina del shock”.
Todo esto es debido a que en la historia de la humanidad, desde la creación de las primeras ciudades estado hasta nuestros días, el objetivo principal de las élites dominantes, más allá del sometimiento de las élites dominantes de otros países a sus intereses, ha sido el de esclavizar, de la forma más útil y rentable posible, a la mayor cantidad de seres humanos posibles. Voltaire decía que el Senado Romano mandaba al pueblo a la guerra, más que con el fin de conquistar nuevos territorios, con el de evitar que “devorara a sus propios amos”.
En este sentido, el fin buscado con esta falsa crisis económica prefabricada, y su agravamiento en los últimos tiempos, es el de acondicionar a la humanidad, para dar un nuevo paso en su proceso de esclavización: la aceptación de un gobierno mundial, supranacional, que muy bien podría ser calificado de dictadura totalitaria mundial, de ahí el intento por desprestigiar el actual orden económico y político. Esto no quiere decir que las anteriores formas económicas y políticas fueran positivas o menos esclavistas que las que se pretenden imponer ahora, y por ello haya que luchar por conservarlas ¡ni mucho menos! Pues éstas tan sólo eran pasos previos y necesarios para alcanzar futuros objetivos. Tales formas económicas y políticas han sido como el tacataca de un niño, utilizado para enseñar a éste a ponerse en pie y andar, pero que es necesario retirar, cuando ya ha conseguido lo anterior, para que pueda correr.
Sin duda alguna, Quinto FABIO Máximo, el Cunctator (“El Contemporizador”), general de la antigua Roma, que venció a Ánibal y a los cartagineses utilizando la táctica del desgaste, estaría orgulloso de sus actuales discípulos.
Las propuestas del 15M como llave para una nueva Revolución sistémica. De la era industrial a la era tecnotrónica.
Más importante aún sería redefinir el significado de la democracia moderna y fijar metas sociales ambiciosas y concretas (…) Sea como fuere, la innovación política tendrá una envergadura de largo alcance, sobre todo a medida que el proceso político asimile progresivamente el cambio científico-tecnológico. Zbigniew Brzenzinski “La era tecnotrónica”.
Los señores del dinero sin fronteras buscan que uses la herramienta Internet, no para transformar tu realidad, sino para insertarte dentro del mundo globalizado tal cual es: Un paraíso empresarial de la sociedad de consumo capitalista. Manuel Feytas ”Internet y redes sociales: El mercado es tu cabeza”.

(Una opinión de ANTIMPERIALISTA) En mis primeros análisis sobre el 15M y el movimiento de los Indignados, mi principal preocupación fue la de tratar de demostrar que éstos no eran más que fenómenos sociales diseñados, creados e impulsados por los laboratorios de ingeniería social de la oligarquía neoliberal.
En el anterior artículo sobre el 15M, analicé, a través del Informe Transforma España, los deseos de la oligarquía neoliberal de aumentar su actual tasa de beneficios, es decir, de conseguir aumentar el actual grado de explotación (esclavitud) que sufren los seres humanos, mediante la implantación de reformas y transformaciones del actual sistema político y económico.
En éste, intentaré explicaros cómo las propuestas políticas del 15M y del movimiento de los indignados servirán de excusa para emprender cambios y reformas políticas que, bajo la falsa apariencia de mejoras democráticas, acabarán entregando totalmente al Estado en manos de la oligarquía neoliberal, para poder así desarrollar plenamente sus aspiraciones esclavistas sin apenas resistencia y con el mayor consenso social.
Para llevar a cabo lo anterior, me centraré en el análisis de una de las principales demandas políticas del 15M, y en las verdaderas intenciones que se esconden tras la misma; es decir, el del aumento del grado de participación ciudadana, en el actual sistema de democracia representativa. Una demanda que, curiosamente, coincide con una de las planteada por la oligarquía española, en el Informe Transforma España: “Esta hibridación de roles conducirá al nacimiento de vehículos de transformación social que capitalicen la energía/inteligencia colectiva, cierren brechas entre Ciudadanos y Administradores, y creen puentes entre compartimentos ahora estancos. En todo este proceso, una nueva Sociedad Civil debe emerger y encontrar su nueva misión, identidad y voz. Para ello, combinará materializaciones más convencionales y “físicas”, con nuevas formas más innovadoras y “virtuales” (1).
Pero ¿son realmente las intenciones de la oligarquía española aumentar el nivel de participación de los ciudadanos en la vida política (lo cual sería deseable, pero que, por otra parte, resulta totalmente utópico en el actual marco social esclavista)? O ¿por el contrario, su objetivo es aumentar el grado de control social de los dominados, bajo la apariencia de mejoras democráticas?
Para responder a esta pregunta basta con echar un vistazo a la forma en que, tanto desde el movimiento 15M como desde la oligarquía, se pretende articular esta “participación ciudadana” en la vida política española. Algo que quedó perfectamente delineado en la presentación del libro “Mando a Distancia: herramientas digitales para la revolución democrática” (2), escrito por el ideólogo neoliberal Lorenzo Abadía, en la que también intervinieron, durante el debate posterior, el tecnócrata globalista e impulsor de la plataforma No Les Votes, Enrique Dans, el portavoz de Democracia Real Ya, Olmo Gálvez, así como otros elementos derechistas como Pedro López Arriba, miembro ejecutivo del Club Liberal Español, o Miguel Prados.
Lorenzo Abadía es actual responsable de infraestructuras del PP de Zaragoza y, en su día, fue secretario ejecutivo provincial de dicho partido. Actualmente es coordinador de “Red Democrática”, grupo de organizaciones de derechas y mantiene vínculos con el Club Liberal y con el Movimiento de Ciudadanos por la República Constitucional (MCRC), republicanos derechistas dirigidos por Antonio García-Trevijano.
Como bien expresa en el subtítulo de su libro “herramientas digitales para la revolución democrática”, Abadía propone articular la participación ciudadana en la vida política (y aquí es donde viene el engaño) usando como medio internet, pues “la sociedad del conocimiento nos ha brindado a los ciudadanos postmodernos la posibilidad de aplicarlo sin incurrir en desgaste alguno...mecanismos auxiliares que en momentos determinados el ciudadano como mecanismo de control sobre la clase dirigente puede poner en marcha...mandar a distancia a la clase política a través del mando a distancia. Se trata de que el ciudadano pueda mandar a la clase política a través del mando a distancia, desde su casa”. Este discurso fue apoyado y defendido, en líneas generales, por el resto de participantes en el acto, que conciben internet como una especie paraíso de la independencia y de la libertad. Y todo ello, a pesar de ser internet un invento del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, ideado y creado en plena Guerra Fría (ARPAnet), para hacerse con el control total de las telecomunicaciones. Un invento que sólo se decidió abrir al público, cuando se vio que éste podía llegar a ser mucho más beneficioso que perjudicial para sus creadores. Unos antecedentes históricos interesadamente olvidados por estos apologistas de la red, en todos sus discursos.
Uno de los principales responsables de que internet pasara del campo militar al civil fue el maquiavélico Zbigniew Brzenzinski (leal vasallo de la multimillonaria familia Rockefeller), quien en su libro “La era tecnotrónica” (3), teorizaba sobre el impacto que puede tener la tecnología y la electrónica, especialmente en el área de los ordenadores y las comunicaciones, como medio para modelar cultural, psicológica, social y económicamente una sociedad.
Este impacto de la tecnología y la electrónica se ha puesto de manifiesto muy claramente en las recientes revueltas árabes, donde la combinación de internet, teléfonos móviles y medios de comunicación de masas convencionales, como la televisión y la radio, ha sido de gran utilidad para los proyectos neocolonizadores de Estados Unidos en el norte de África y Oriente Medio (4).
Esto último es una clara prueba de que internet (a pesar de la mitificación del mismo en los últimos tiempos), lejos de ser una “herramienta” independiente e imparcial, sirve a unos intereses muy particulares y muy bien definidos, los de sus amos: la oligarquía imperialista.
Es por ello, que proponer el uso de internet, como un medio de participación ciudadana (tal y como predican los apóstoles de la indignación), es poner a la sociedad y al Estado completamente en manos de la oligarquía imperialista, quien los controlará y los manipulará como nunca antes podía haber imaginado.
Además, este proceso de imposición masiva de internet a los ciudadanos, con la excusa de ser utilizada como herramienta de participación política, es también un proceso para el tránsito masivo de estos mismos ciudadanos, de la vida real a la realidad virtual, de la era industrial a la era tecnotrónica, en la que serán moldeados a imagen y semejanza del mercado global. Sin duda, la realización de la pesadilla orwelliana.
Notas:
(1) Informe Transforma España, página 21, http://www.transformaespaña.es/images/stories/Informe_te.pdf
(2) “En Democracia Real Ya siguen sin cortarse un pelo” http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com/2011/06/en-democracia-real-ya-siguen-sin.html
(3) “La era Tecnotrónica”, Zbigniew Brzenzinski, http://es.scribd.com/doc/42370128/La-Era-Tecnotronica
(4) “Los dictadores no dictan, obedecen ordenes”, Michel Chossudovsky, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=121483
Anonymous otra excusa como al-Qaeda, para justificar la barbarie imperial.
Como ya he advertido en anteriores artículos, Anonymous, la organización de hackers informáticos que utiliza la máscara de Guy Fawkes (tonto útil que el Imperio Británico utilizó para justificar su política expansionista) como emblema, podría ser utilizado (u otra serie de colectivos de hackers), así como sus supuestas ciberacciones de sabotaje, para justificar agresiones militares contra los pueblos o legislaciones cada vez más totalitarias.
Anonymous y sus acciones constituyen una estrategia de ataques de bandera falsa perfecta, pues nadie (excepto aquéllos que tenemos claro que internet es una herramienta totalmente controlada por el Pentágono y, por lo tanto, que éste es el único que puede ejecutar tales acciones) conoce el origen y procedencia de dichos ataques , pero padecen sus consecuencias (principalmente mediáticas). Se trata del enemigo invisible perfecto, para justificar políticas totalitarias e imperialistas.
Además, el mito de los hackers sirve para mitificar, a su vez, la falsa independencia de internet, consiguiendo difundir el uso masivo de esta herramienta de control social total, entre la población mundial, bajo la apariencia de un medio de comunicación indefenso y descentralizado, cuando es, precisamente, todo lo contrario.
En el siguiente vídeo de la cadena de televisión Rusia Today, Eva Golinger nos muestra los pasos que se están dando en este sentido.




